¡Ya se han acabado las clases y comienzan las vacaciones!
Lolo está muy contento porque va a pasar unos días de camping junto a su familia y a su perrita Popola y hoy es el último día que tendrá que asistir al cole.
A la mañana siguiente, en casa de Lolo, todos madrugan para preparar las maletas, los preparativos y cargarlo todo en el coche para iniciar su aventura familiar hacia la montaña. ¡Ah!, no nos olvidemos de meter la comida de Popola en el maletero.
La ruta ha comenzado. Lolo, su papá, su mamá y Popola se dirigen hacia la montaña, donde encuentran un hermoso lugar para montar su casita de tela, su tienda de campaña.
- ¡Este es el más bonito!, - dice Lolo pensando en lo mucho que va a disfrutar y se va a divertir.
No era la primera vez que montaban una tienda de campaña, ya que habían ido más veces de camping, así que no les costó mucho acomodarse entre tanto árbol y montaña.
Ha empezado a anochecer, el cielo está cubierto de estrellas muy brillantes y toda la familia se tumba al aire libre para poder contemplar la hermosura del paisaje, mientras Popola parece que no ha decidido dónde dormirá esta noche, ya que aún sigue dando vueltas alrededor de la tienda de campaña con su manta en la boca.
Popola decide poner su mantita junto a su dueño y compañero Lolo, que tras un largo día de juego y carreras cae dormido junto a ella. ¡Mañana les espera un gran día!
Tras una noche cálida y un río de fondo rompiendo el silencio, a la mañana siguiente deciden ir a comer cerca del agua transparente y fresca del “río asul”, como dice Lolo, que pasa cerca del camping. Lolo, su papá y Popola son valientes y se atreven a zambullirse en el agua. ¡Cómo se divierten jugando en el río! La mamá de Lolo, mientras tanto prepara la comida para que cuando regresen del baño esté todo listo!
Al día siguiente, Lolo y su mamá deciden construir juntos una cometa, ya que sopla un fuerte viento y juegan toda la tarde, mientras que papá prepara de cenar una rica tortilla de patatas.
Llega el último día, el día de regresar a casa, Lolo ya no está tan feliz como el primer día, pero aun así ayuda a sus papás a recoger las cosas.
Al llegar a casa Lolo se siente triste porque cree que han acabado sus vacaciones, pero su papá y su mamá le aclaran que no es así, que aún quedan muchos días de sol para disfrutar junto a Popola aunque no estén de camping, y Lolo parece que lo entiende borrando de su cara la tristeza y llenándola de una bonita y gran sonrisa.
Colorín colorado…este cuento se ha acabado.
SAUCE Y LA PRINCESA
Érase una
vez un príncipe al que le gustaba pasear por el bosque, ya que en su castillo
se sentía prisionero con tantas obligaciones sociales.
Le
gustaba pasear porque en el camino podía ver colores, tanto en las flores como
en los animales, bañarse en el río, y lo que más le gustaba es que podía ser él
mismo, podía ser libre.
Un día, a
lo largo de su paseo, se encontró un gran árbol de pelo largo que no podía
dejar de llorar.
- Hola,
amigo árbol - le dijo el príncipe.
- ¿Qué te
pasa, por qué lloras? - volvió a insistir.
En ese
momento el árbol dejó de llorar y contesto a su amigo príncipe.
- Lloro
porque hace días que no veo a mi linda amiga Ariadna. Solía venir todos los
días a leer y peinar su melena mientras yo le daba un poco de sombra y un día,
sin más, no apareció y yo no puedo moverme de aquí para ir a buscarla y créeme
que me encantaría.
- No te
preocupes, amigo árbol, yo iré en su busca y te la traeré para que así dejes de
llorar. Pero antes de irme, ¿me dices tu nombre y cómo es Ariadna? - dijo el
príncipe.
El árbol
levantó la cabeza y dijo sonriendo:
- Mi
nombre es “Sauce” y Ariadna es pequeñita, castañita, pelo ondulado y con una
vitalidad y brillo en sus ojos que cuando la veas sabrás que es ella.
Después
de días y días andando por el bosque, por fin, allí estaba ella, Ariadna y fue
tal y como le había dicho “Sauce”. La reconoció al instante de tenerla delante.
Estaba cantando una bonita canción del sol de la primavera.
El
príncipe la llamaba a lo lejos mientras ella decía que no con la cabeza y fue
cuando él decidió acercarse poco a poco a ella. Estaba cada vez más cerca y
cada vez veía más claro que no podía ir hacia donde estábale porque estaba
agarrada. Agarrada a una piedra, púrpura enorme.
- No te
asustes, no voy a hacerte daño, voy a sacarte de aquí. – dijo el príncipe.
Cuál
sería su sorpresa que al intentar desatar a Ariadna la piedra empezó a girarse
y de pronto: - No, ¡socorro!, es un dragón. No podrá conmigo, he venido a por
ti y así será.
Tras
horas y horas de lucha, el príncipe logró derrotar al dragón y salvar a
Ariadna.
De vuelta
hacia donde había empezado su aventura, el príncipe le iba contando a Ariadna
cómo sabía dónde y cómo encontrarla.
Llegaron
a donde estaba “Sauce” que con tan solo verlos sonrió abriendo sus ramas y
dejando pasar al sol hasta sus amigos.
- Muchas
gracias amigo, pero aún no sé tu nombre – dijo “Sauce”.
- Me
llamo Aitor – contestó el príncipe.
Aitor,
tras horas y horas de charla con “Sauce”, le contó confidencialmente que en el
camino de vuelta se había enamorado de Ariadna y que no sabía qué hacer.
Día tras
día se repetía la cita con la chica de ensueño y Aitor bajo la sombra de
“Sauce”.
Pasó la
primavera, el verano y su sol y poco a poco dejaron de ir al punto de
encuentro.
Un día,
Aitor sintió la necesidad de correr. Correr por el bosque como lo hacía antes
hasta que encontró a “Sauce”.
Al llegar
donde solía ver a su amada su mayor sorpresa fue encontrarla allí, llorándole a
“Sauce” diciéndole que echaba de menos a Aitor, y que estaba locamente
enamorada de él.
Aitor, al
escucharla, corrió hacia ella y la abrazó pidiéndole que fuera con él a vivir a
su castillo. Ella le dijo que no sería capaz de dejar allí a “Sauce” después de
todo lo que había hecho por ella. Así que Aitor volvió a su reino de la mano de
Ariadna ordenando que podaran a “Sauce” con cuidado de no dañar sus raíces y lo
plantaran en su bosque particular.
Y así
fue. Ariadna vivió en el castillo de Aitor, cantando a diario en brazos de
“Sauce” junto a su amado Aitor.
Y sí…se
casaron, sí, y fueron muy muy felices. Colorín colorado, este cuento de ha
acabado.
EL BLANCO DE CONIL
Os voy a contar una historia de un lindo
pueblito llamado Conil de la frontera.
Hace mucho mucho tiempo había una humilde
familia que vivía en Jerez de la frontera. Todos ayudaban en casa a mamá para
qe cuando ella llegara de trabajar no si sintiera más cansada con las tareas de
casa. El papá pasaba mucho tiempo fuera de casa trabajando día y noche.
Los niños crecieron y crecieron hasta ponerse
mayores. Seguían yendo al colegio pero un día, Adriana, que así se llamaba la
niña, le dijo a Juan, su hermano: - ¡¡Vámonos!!
Tras días y días de confidencias decidieron
irse. Irse no fuera de casa para escaparse, sino para buscar trabajo en un
pueblito cercano llamado Conil de la frontera. Y así fue. Llegó el verano y
después de esforzarse y aprobar el curso en el “cole” decidieron irse a
trabajar.
Al principio fue duro pero al pasar los días
veían poco a poco los días de otro color. Días de playa, risas, aire fresco,
cielo colmado de cometas en un pueblito repleto de casitas blancas con gente
humilde y trabajadora.
Días llenos de color acompañados de mucho
trabajo, pero compensaba una cosa con la otra.
Al finalizar el verano regresaron a casa
contándole a mamá todo el dinero que había ganado para ayudar en casa el
siguiente año, pero también le contaron lo bonito que era el pueblito y lo bien
que lo habían pasado.
Llegó el año escolar y Juan y Adriana
empezaron el instituto con más fuerza que nunca. Con el paso de los meses iban
aprobándolo todo, con tan sólo pensar que si superaban ese curso también
podrían volver a Conil de la frontera en verano para trabajar y seguir ayudando
a mamá en casa.
Y así fue. Pasó el tiempo y Adriana y Juan
trabajaron todos los años en el pueblecito encantado ganando dinero para
facilitar un poco las cosas.
Hoy en día, Adriana y Juan son mayores y con
el tesoro que reunieron en todos los años trabajados, decidieron comprar una
pequeña casita en Conil para que si mamá pudiera disfrutar de ella. Su mamá
ahora es anciana y ellos cuidan de ella. En los veranos disfrutan todos juntos,
incluido papá de aquel pueblo tan lindo que los enamoró y les costó tanto
disfrutar de él.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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