CAPÍTULO 7
Lengua oral, géneros y parodias
Claire Blanche – Benveniste
Université de Provence
EPHE de París
El estudio realizado tiene como objetivo, como
bien encabeza el texto, darnos a conocer que no basta con confiar en las
situaciones de habla espontánea para establecer la competencia lingüística oral
de los niños y niñas en su lengua materna, sino abarcar un poco más allá, y no
estancarse en una simple rama, como es el habla espontánea.
El texto nos habla de las repercusiones que
los niños y niñas pueden tener si solo hacemos referencia al habla espontánea a
la hora de transmitirles y poner en práctica conocimientos de la lengua.
Recalca una y otra vez la importancia que cobra la parodia en esta adquisición.
Desde mi punto de vista, lo adecuado e idóneo
sería jugar con las dos bifurcaciones, ya que como bien dice, con la parodia
irán adquiriendo vocabulario y fluidez oral mediante la imitación de
personalidades de distintos individuos. Pero creo que no es suficiente que solo
repitan o adopten posturas ajenas, ya que en el texto queda reflejado que
cuando un niño o una niña tiene desconocimiento del significado de una palabra,
la sustituye por otra que él crea conveniente y adecuada, siendo en ocasiones
propiamente inventada por el niño o la niña.
Como futuros docentes, creo que primeramente,
si tendríamos que practicar con nuestros alumnos y alumnas el uso de la
parodia, para ir familiarizándolos con el vocabulario, ya sea de iguales, o
adulto. Pero a su vez, introduciéndoles la curiosidad de lo desconocido, del
conocimiento de las palabras que no entienden para que, en lugar de inventar
sus sustitutas, resuelvan la incógnita de su significado, para posteriormente
poder utilizarla en contextos similares, pero yo, personalmente, acudiría
seguidamente a implantar actividades, ya sean entrevistas, como bien se
enuncia, o cualquier otra que facilite la interacción y la fluidez verbal en la
que utilicemos el habla espontánea. Al ser limitadas y cortas las respuestas de
la entrevista, favorecería el ejercicio con una serie de pautas por ejemplo.
Primero “jugaríamos” con la parodia, abordando un rol de prestigio elegido por
los propios niños y niñas, en el que un grupo de ellos adoptaría
individualmente un tipo de rol diferente. Después de aclarar dudas sobre el
desconocido significado de algunas palabras utilizadas, si fuera necesario,
procedería, como he dicho antes, a una serie de entrevistas, o similar, para
comprobar si han entendido lo que han dicho, o meramente se han ceñido a
repetir lo adjudicado al rol seleccionado. Así harían uso del habla espontánea,
pero no sin una base o conocimiento previo, que les impida contestar
correctamente en la entrevista. Sería parodia complementada con habla
espontánea.
Respecto a la clasificación de las situaciones
en función de las posibilidades de aprendizaje del lenguaje, reitero una vez
más lo dicho anteriormente, ya que mediante relatos contando lo hecho
inmediatamente antes o el día anterior o situaciones semejantes, el niño irá
elaborando un amplio abanico de vocabulario, teniendo la posibilidad y siendo
la responsabilidad de él, que el maestro o la maestra interrumpa para hacer las
correcciones oportunas. Luego entonces harán uso del habla espontánea, tras
haber adoptado un rol en una situación determinada con anterioridad.
Finalmente nos habla del desequilibrio entre
sofisticación gramatical e ingenuidad de contenido, y volveré a hacer hincapié
en lo mismo de nuevo, ya que por mucho prestigio que tenga el rol adoptado, si
no conocemos la base o fundamento del contenido, y así su significado, podría
empobrecerse el resultado. Así pues, enseñémosles a hablar correctamente desde
una muy temprana edad a los más pequeños mediante la parodia complementada con
el habla espontánea, y vayamos introduciéndoles poco a poco conocimientos para
que el día de mañana el único rol que tengan que adoptar sea el suyo.
CAPÍTULO 8
Números y letras: primeras conexiones entre
sistemas rotacionales. Bárbara M. Brizuela
Es curioso, después de leer una y otra vez
sonriendo al mismo tiempo, cómo aprendí a hacer distinciones entre números y
letras, ni cómo diferencié los números por el lugar de colocación de una coma o
un punto.
Al comienzo de la lectura, cuando sólo conocía
el punto de vista de Paula, he pensado que es entrañable la forma en que
caracteriza a las unidades y a las decenas.
Realmente, hace una distinción entre ellas,
pero quizás no de la forma adecuada, ya que sabe perfectamente que las unidades
independientes no tienen el mismo valor que cuando van acompañadas a su
izquierda por sus “mayúsculas”.
Subjetivamente, creo que deberíamos aprovechar
este conocimiento que tiene Paula, para explicarle a partir de él, cómo se
llaman correctamente los números pero aprovechando, como he dicho, la base de
conocimiento que tiene. Si los niños y niñas entienden que la decena
correspondiente a 3 como unidad, es 30 aún llamándola de otra forma, será mucho
más fácil enseñarles y transmitirles el conocimiento que queramos hacerles
llegar, aunque tenemos que dejarles muy claro que no es un número mayúsculo, ya
que esta categorización es para las letras y no deben confundirlas con la de
éstas.
A la vez de erróneo, me parece magistral que
los niños y niñas relacionen las letras y los números ya que hacen una relación
en su modo de leer o escribir aún sin distinguir el modo de leer una letra y un
número, pero, ¿no es grandioso que a raíz de sus conocimientos saquen sus
propias conclusiones sin pedir ayuda alguna?
Somos los encargados de poner cada pieza en su
sitio y darle el sentido adecuado para que hagan entre un puzzle repleto de
números totalmente paralelo a otro de letras.
Seguidamente, nos encontramos ante el caso de
Tomás, que teniendo presente la misma relación entre letras y números, saca sus
propias conclusiones. Él piensa que si en la lectura de letras, la coma tiene
el significado de pausa, y el punto de parada, en los números tendrá el mismo,
adjudicándole la coma a la medida monetaria y el punto a la delimitación de un
número, De manera equivocada o no, pero el concepto de decimal como continuidad
de un número entero, y el punto como separación delimitadora de unidad de
medida ya lo tiene adquirido y asimilado.
Ahora es nuestra función mostrarle la
diferencia existente entre la interpretación de la lengua escrita y las
matemáticas, pero siempre partiendo de la percepción propia de cada niño y cada
niña, ya que nos facilitará parte del camino y la explicación correspondiente,
ya que no partiríamos de cero y sería una acomodación y adaptación del punto de
partida, el propio de cada niño y cada niña, con la meta a alcanzar, que sería
que hagan una correcta discriminación entre letras y números sin caracterizar a
los números como letras y/o a la inversa.
Desde mi punto de vista más personal, la
postura de Paula es más acertada ya que a partir de una unidad, como puede ser
el “3” , le
atribuye un número “mayúsculo”, que sería el “30” , siendo decenas, y así con
el resto de los números, sabiendo que el “30” , es mayor que el “3” ; mientras que Tomás se guía
por la cantidad de números que haya de izquierda a derecha para deducir su
valor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario