domingo, 13 de mayo de 2012

TRAS UNA LECTURA PRODUCTIVA DE DOS CAPÍTULOS, QUEDA REFLEJADO UN COMENTARIO CRÍTICO DE CADA UNO DE ELLOS A CONTINUACIÓN.



CAPÍTULO 7

Lengua oral, géneros y parodias
Claire Blanche – Benveniste
Université de Provence
EPHE de París

 El estudio realizado tiene como objetivo, como bien encabeza el texto, darnos a conocer que no basta con confiar en las situaciones de habla espontánea para establecer la competencia lingüística oral de los niños y niñas en su lengua materna, sino abarcar un poco más allá, y no estancarse en una simple rama, como es el habla espontánea.
 El texto nos habla de las repercusiones que los niños y niñas pueden tener si solo hacemos referencia al habla espontánea a la hora de transmitirles y poner en práctica conocimientos de la lengua. Recalca una y otra vez la importancia que cobra la parodia en esta adquisición.
 Desde mi punto de vista, lo adecuado e idóneo sería jugar con las dos bifurcaciones, ya que como bien dice, con la parodia irán adquiriendo vocabulario y fluidez oral mediante la imitación de personalidades de distintos individuos. Pero creo que no es suficiente que solo repitan o adopten posturas ajenas, ya que en el texto queda reflejado que cuando un niño o una niña tiene desconocimiento del significado de una palabra, la sustituye por otra que él crea conveniente y adecuada, siendo en ocasiones propiamente inventada por el niño o la niña.
 Como futuros docentes, creo que primeramente, si tendríamos que practicar con nuestros alumnos y alumnas el uso de la parodia, para ir familiarizándolos con el vocabulario, ya sea de iguales, o adulto. Pero a su vez, introduciéndoles la curiosidad de lo desconocido, del conocimiento de las palabras que no entienden para que, en lugar de inventar sus sustitutas, resuelvan la incógnita de su significado, para posteriormente poder utilizarla en contextos similares, pero yo, personalmente, acudiría seguidamente a implantar actividades, ya sean entrevistas, como bien se enuncia, o cualquier otra que facilite la interacción y la fluidez verbal en la que utilicemos el habla espontánea. Al ser limitadas y cortas las respuestas de la entrevista, favorecería el ejercicio con una serie de pautas por ejemplo. Primero “jugaríamos” con la parodia, abordando un rol de prestigio elegido por los propios niños y niñas, en el que un grupo de ellos adoptaría individualmente un tipo de rol diferente. Después de aclarar dudas sobre el desconocido significado de algunas palabras utilizadas, si fuera necesario, procedería, como he dicho antes, a una serie de entrevistas, o similar, para comprobar si han entendido lo que han dicho, o meramente se han ceñido a repetir lo adjudicado al rol seleccionado. Así harían uso del habla espontánea, pero no sin una base o conocimiento previo, que les impida contestar correctamente en la entrevista. Sería parodia complementada con habla espontánea.
 Respecto a la clasificación de las situaciones en función de las posibilidades de aprendizaje del lenguaje, reitero una vez más lo dicho anteriormente, ya que mediante relatos contando lo hecho inmediatamente antes o el día anterior o situaciones semejantes, el niño irá elaborando un amplio abanico de vocabulario, teniendo la posibilidad y siendo la responsabilidad de él, que el maestro o la maestra interrumpa para hacer las correcciones oportunas. Luego entonces harán uso del habla espontánea, tras haber adoptado un rol en una situación determinada con anterioridad.
 Finalmente nos habla del desequilibrio entre sofisticación gramatical e ingenuidad de contenido, y volveré a hacer hincapié en lo mismo de nuevo, ya que por mucho prestigio que tenga el rol adoptado, si no conocemos la base o fundamento del contenido, y así su significado, podría empobrecerse el resultado. Así pues, enseñémosles a hablar correctamente desde una muy temprana edad a los más pequeños mediante la parodia complementada con el habla espontánea, y vayamos introduciéndoles poco a poco conocimientos para que el día de mañana el único rol que tengan que adoptar sea el suyo.



CAPÍTULO 8

Números y letras: primeras conexiones entre sistemas rotacionales. Bárbara M. Brizuela

 Es curioso, después de leer una y otra vez sonriendo al mismo tiempo, cómo aprendí a hacer distinciones entre números y letras, ni cómo diferencié los números por el lugar de colocación de una coma o un punto.
 Al comienzo de la lectura, cuando sólo conocía el punto de vista de Paula, he pensado que es entrañable la forma en que caracteriza a las unidades y a las decenas.
 Realmente, hace una distinción entre ellas, pero quizás no de la forma adecuada, ya que sabe perfectamente que las unidades independientes no tienen el mismo valor que cuando van acompañadas a su izquierda por sus “mayúsculas”.
 Subjetivamente, creo que deberíamos aprovechar este conocimiento que tiene Paula, para explicarle a partir de él, cómo se llaman correctamente los números pero aprovechando, como he dicho, la base de conocimiento que tiene. Si los niños y niñas entienden que la decena correspondiente a 3 como unidad, es 30 aún llamándola de otra forma, será mucho más fácil enseñarles y transmitirles el conocimiento que queramos hacerles llegar, aunque tenemos que dejarles muy claro que no es un número mayúsculo, ya que esta categorización es para las letras y no deben confundirlas con la de éstas.
 A la vez de erróneo, me parece magistral que los niños y niñas relacionen las letras y los números ya que hacen una relación en su modo de leer o escribir aún sin distinguir el modo de leer una letra y un número, pero, ¿no es grandioso que a raíz de sus conocimientos saquen sus propias conclusiones sin pedir ayuda alguna?
 Somos los encargados de poner cada pieza en su sitio y darle el sentido adecuado para que hagan entre un puzzle repleto de números totalmente paralelo a otro de letras.
 Seguidamente, nos encontramos ante el caso de Tomás, que teniendo presente la misma relación entre letras y números, saca sus propias conclusiones. Él piensa que si en la lectura de letras, la coma tiene el significado de pausa, y el punto de parada, en los números tendrá el mismo, adjudicándole la coma a la medida monetaria y el punto a la delimitación de un número, De manera equivocada o no, pero el concepto de decimal como continuidad de un número entero, y el punto como separación delimitadora de unidad de medida ya lo tiene adquirido y asimilado.
 Ahora es nuestra función mostrarle la diferencia existente entre la interpretación de la lengua escrita y las matemáticas, pero siempre partiendo de la percepción propia de cada niño y cada niña, ya que nos facilitará parte del camino y la explicación correspondiente, ya que no partiríamos de cero y sería una acomodación y adaptación del punto de partida, el propio de cada niño y cada niña, con la meta a alcanzar, que sería que hagan una correcta discriminación entre letras y números sin caracterizar a los números como letras y/o a la inversa.
 Desde mi punto de vista más personal, la postura de Paula es más acertada ya que a partir de una unidad, como puede ser el “3”, le atribuye un número “mayúsculo”, que sería el “30”, siendo decenas, y así con el resto de los números, sabiendo que el “30”, es mayor que el “3”; mientras que Tomás se guía por la cantidad de números que haya de izquierda a derecha para deducir su valor. 


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